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domingo, 8 de abril de 2012 0 comentarios

La belleza oculta.

Diamantes

Cualquier gema -incluso el diamante más perfecto- tiene que pasar por unas manos expertas para ser tallada y pulida antes de que pueda mostrar el brillo que se oculta en su interior.

Cada uno de nosotros es una piedra preciosa única y diferente.

 La vida es como un taller de joyería que, como si de las manos de un joyero artesano se tratase, te transformará en una joya perfecta y radiante a través de las experiencias que tiene preparadas para ti.

Cada vivencia es una oportunidad de asimilar la única lección que hemos venido a aprender: el AMOR. El amor hacia ti mismo, el amor hacia los demás, incluso hacia tus enemigos.

Es en ellos donde encontrarás la mayor oportunidad de brillar, ya que detrás de cada gesto hostil se oculta el  desafío de amar a pesar de las apariencias.

Las situaciones en las que te es más fácil expresar amor, son aquellas facetas que ya han sido pulidas.

 Las experiencias en las que te resulta más difícil manifestarlo, son las facetas que te toca tallar y pulir ahora.

Dentro de ti se oculta el brillo equivalente a un millón de soles. No te resistas y permite que ese resplandor salga a iluminar el mundo. Haz realidad tus sueños.
domingo, 4 de marzo de 2012 0 comentarios

Recuerdos (Continuación)

Hombre mirando el mar

Todo fue más claro, con el corazón tranquilo y la mente limpia, me decidí a iniciar un viaje a lo más profundo de mi interior, para asimilar las enseñanzas que recién había adquirido.

Tomé un autobús y me dirigí a una playa y caminé...caminé sin rumbo fijo, recordando los gratos momentos que pasé con ella, el momento en que la conocí, el momento en que me enamoré y el momento en que la perdí.

Los tres grandes momentos de mi relación, pasaron ante mi mente como una película, en donde veía su rostro a veces alegre, triste, pensativo, enojado, cariñoso, lloroso, en fin el rostro de la mujer que amé, amo y amaré.

En esa película pude apreciar, con cierta tristeza, que ella se fue alejando de mí de manera imperceptible; que si bien al principio me prodigaba amor, ternura y comprensión. poquito a poco, ese amor se fue apagando hasta que se volvió costumbre; yo, tonto de mí, en mi egoísmo por ser feliz, no notaba que ella ya no me correspondía de la manera acostumbrada, mas bien, me rechazaba suavemente, se apartaba de mí si intentaba tocarla, volteaba la cara si hacia el intento de darle un beso y siempre buscaba la manera de no estar a solas conmigo; de eso, en mi ingenuidad, le echaba la culpa al exceso de trabajo, al cansancio, en fin, a todo menos a la causa principal de su malestar: ¡yo mismo!.

 Que ciego fui y que estúpido.

Y, lejos de culparla, sentí pena por ella, que por su misma pena, no se atrevía a decirme lo que le pasaba, soportándome aún a costa de su gran malestar; debió sentirse muy, pero muy mal infinidad de veces, teniéndome a su lado, pero sin decirme nada para no lastimarme.

Me sentí bien al recordar su sonrisa, su cara, sus labios gruesos, su naricita y esos ojos negros que me gustan; me hizo sonreír, recordar como en infinidad de ocasiones le acariciaba su negro cabello, le daba masajes en los hombros mientras le hablaba de cualquier cosa, cómo después de comer platicábamos en la sobremesa y el sonido de mi voz la adormecía, en fin, pasamos muchos y gratos momentos juntos.

Sentía deseos de llamarla, de preguntarle como se sentía, de pedirle perdón una y mil veces, de gritarle a los cuatro vientos que mi amor por ella es eterno, de implorarle, de suplicarle que me volviera a amar, que volviéramos a intentarlo de nuevo; y otra vez estaba siendo presa del egoísmo, pero esta vez no sería tan fácil caer en la tentación, pues ya lo conocía y recién lo había sacado de mi corazón; y caminé, caminé hasta cansarme, sin rumbo fijo, sin prisas, a paso lento, disfrutando de la brisa marina  y el agradable aroma de las flores de abril brotando de los jardines de las casas veraniegas; de la agradable tarde, del sonido del mar, del viento, del barullo de las aves, de la vida dinámica del gran oceano.

Sonó mi teléfono celular; contesté, era ella que preocupada preguntaba como me sentía, le dije que bien; me interesé por su estado de ánimo, un poco triste me dijo que estaba bien, conversamos largo rato y nos despedimos prometiéndonos llamarnos.

 Ya muy noche, al llegar a casa, descubrí que la tranquilidad había regresado a mí, me senté frente a mi computadora y comencé a escribir esta pequeña historia; espero que algún día ella lo lea y pueda perdonarme todo el daño que le causé por mi egoísmo.

Prometo ser más cuidadoso y no lastimar a la gente que amo, porque a la larga el lastimado resulto ser yo mismo.
sábado, 3 de marzo de 2012 0 comentarios

Recuerdos

Hombre mirando el mar

La ciudad se cubrió de nubes grises presagiando tormenta; me encontraba caminando sin rumbo fijo por esas calles de Dios, sumido en mis pensamientos, preguntándome el porqué ella se había enamorado de otro hombre si yo le había prodigado todo: cariño, ternura, comprensión, compañía... amor.

Sentía el alma marchita, el corazón destrozado, mi orgullo pisoteado y unas inmensas ganas de llorar que me estaban quemando el alma y me estaban ahogando sin misericordia.

El llanto no tardó en aparecer; primero en dos tímidas lágrimas escurriendo por mis mejillas; era un llanto tenue, tranquilo, límpido y sereno aunque después de un rato, se convirtió en un llanto amargo, rabioso, furioso.

Llovía, pareciera como si el cielo se hiciera partícipe de mi dolor, de mi desgracia y desesperación; llovía... las gotas resbalaban por mi rostro confundiéndose con mis lágrimas; lágrimas de ira, lágrimas de impotencia, lágrimas de coraje, lágrimas de amor, lágrimas por un cariño perdido, lágrimas por lo que pudo ser y no fue.

La gente corría de un lado a otro buscando refugio; en el apogeo de mi dolor no le di mucha importancia a mi empapado cuerpo, a mis ropas mojadas y a mi desencajado rostro desfigurado por mi llanto.

De pronto, a lo lejos me pareció distinguir a una figura conocida que se cubría con un paraguas, me vio y se dirigió hacia mí, ¡era ella!, se puso frente a mí y abrazándome lloró conmigo, acercando su boquita a mi oído, me dijo con la voz quebrada por el llanto:

— ¿Porqué te empeñas en tenerme a tu lado?, sabes que hace mucho tiempo que lo nuestro no funciona, eres un buen hombre, no quiero verte sufrir por mi causa, te quiero mucho, pero ya no te amo, no sufras por mí, yo solo puedo ser tu amiga, ya no hagas más difícil esto, ya no me hagas sufrir...—

Y desapareció empapada por la lluvia y ...por su llanto.

No supe como llegue a  casa, solo sé que desperté; hacía un sol radiante, todo volvía a la vida y comprendí la maravillosa lección que Dios padre, en su infinita misericordia, había grabado con el fuego de mi sufrimiento y mi dolor, en mi atribulada alma: comprendí que a nadie se le puede atar de por vida, que no puedo obligar a nadie a continuar conmigo, que mi egoísmo por ser feliz, estaba haciendo infeliz a la persona que amo;  que si de verdad la amo, debería renunciar a ella y dejarla en libertad para que busque su felicidad.

Rápidamente me alisté y fui a su encuentro, ella estaba triste por lo sucedido la noche anterior; al verme, se sonrió.

—Solo vengo a desearte que seas muy feliz, en mí siempre tendrás a un amigo.—  le dije, y dándole un beso en la mejilla, me marché.

Estaba triste pero bien conmigo mismo por haber superado mi egoísmo; la mañana seguía su curso, la vida seguía su ritmo y sin volver la vista me perdí entre la muchedumbre. Estaba volviendo a nacer.

Continuará
domingo, 21 de noviembre de 2010 0 comentarios

Lamento


Veo a los niños jugar
sin grandes preocupaciones;
juegan en cualquier lugar
presas de sus emociones.

¿Y que saben de dineros
y cuanto cuesta el ganarlo?;
más saben de caramelos,
y cuando dura el chuparlo.

¿Y de los grandes problemas
que aquejan a los adultos?;
nada saben de esos temas,
no son para nada "cultos".

Mi niñéz fue muy dificil,
casi no pude jugar;
pues me la pusieron "facil",
"a estudiar y a trabajar".

Hoy que soy hombre maduro...
¡Cómo añoro mi niñéz!;
he trabajado muy duro...
¡Quiero ser niño otra véz!.

Y jugar hasta cansarme
sin grandes preocupaciones...
reir...hasta casi ahogarme;
presa de mis emociones...

Fin.
lunes, 25 de octubre de 2010 0 comentarios

Mi cobardía.


hombre llorando
Estoy postrado de hinojos
llorando mi cobardía;
pues la niña de mis ojos
nunca, jamás será mía.


Nunca supo de mi amor,
y aunque momentos había;
siempre me faltó valor
y nunca se lo decía.


Ella, ya lo sospechaba,
pero en vez de confesarlo,
sus sospechas acallaba;
me apresuraba en negarlo.


Su turbación se hizo obvia;
el tiempo velóz pasó;
de un chico se hizo novia
pues él "bonito le habló".


Hoy se acaba de casar
yo...de dolor, me moría;
pues no pude superar
¡Mi maldita cobardía!


Fin.
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Mi llanto.

hombre en la tormenta
No me podía dormir;
mis ojos no se cerraban;
no me pude reprimir,
mis lagrimas los mojaban.


Dí rienda suelta a mi pena
como lo hacía de niño;
como lo hace un alma buena
que está falta de cariño.


Recordaba sus manitas
que entre las mías tomaba;
y aquellas frases bonitas
que en su oído murmuraba.


Una mañana...se fue;
y en mi más dulce actitud,
en los labios la besé
y...la metí en su ataúd.


Ya se ha marchitado mi alma
y mis más caros anhelos;
uniendo palma con palma:
"Padre nuestro, que estás en los cielos..."


Fin.
viernes, 22 de octubre de 2010 0 comentarios

El celoso.



corazon en la pared

Por tus ojos cual luceros
tu cabello cual cascada
por toda tu... siento celos
que por alguien seas besada.

Celos que llegan al alma
celos que matan mi paz
celos que me quitan calma
celos que nublan mi faz.

Celos si ves a un amigo,
celos por una llamada,
celos si no estás conmigo;
celos si no dices nada.

Ayer yo te dije algo
y me pusiste en mi lugar;
hoy para tí nada valgo;
ya no me quieres ni hablar.

Ya nada te une conmigo;
si por todo te he celado,
compréndelo...yo, tu amigo,
de tí... ¡estoy enamorado!

Fin.
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No te quiero lastimar.

manos azules


No te quiero lastimar,
ni por mi mente ha pasado;
¡Como prodría imaginar!,
de mi...¿estás enamorado?.

Salí diez veces contigo
y nos la pasamos bien,
yo te veo como un amigo,
y soy tu amiga también.

Me siento muy halagada
por tu bello sentimiento;
pero no puedo hacer nada,
¡Entiéndeme! yo... lo siento.

Yo no te daba motivo
y por todo me haz celado;
si me lo hacías como amigo:
¿Como lo harías de casado?.

Eres guapo y me gustaste,
no lo puedo ya negar;
pero pronto me celaste,
y yo... me empecé a asustar.

Solo puedo ser tu amiga,
nada más te puedo dar;
al corazón no se obliga.
¡Así nadie puede amar!

Piensa en ese sentimiento,
analízate, mi amigo;
evítate un sufrimiento;
tal vez... tu orgullo esté herido.

Pues no estás enamorado;
lo analizé... ¿te lo he dicho?;
solo estás encaprichado
y...¡No quiero ser tu "capricho"!

Otro a mí me ha conquistado,
y aunque no es ningún "guapucho",
mi corazón lo ha aceptado
y también me quiere mucho.

Perdóname si te he herido,
mi intención... esa... no era;
serás mi amigo querido;
lo serás hasta que muera.

Fin.